Arte de Latinoamérica, Filipinas y la India portuguesa: Artes Decorativas

ESCRITORIO CON LACADO DE PERIBÁN, hacia 1650

El genio creativo de los artesanos indígenas de Latinoamérica sirvió de base a las artes decorativas de la época colonial. Los lujosos objetos de oro, plata, plumas y tela que produjeran para la elite de los imperios azteca e inca resultaron ser motivo de admiración entre el público europeo cuando llegaron por vez primera a las cortes europeas. En 1520, Alberto Durero, el célebre artista del Renacimiento, tuvo la oportunidad de contemplar en Bruselas los primeros tesoros de la conquista enviados por Hernán Cortés a Carlos v, y sobre ellos anotó en su diario: «Pues he visto allí maravillas del arte y me he asombrado ante el sutil ingenio de esas gentes de tierras tan lejanas. Y no sé cómo expresar lo que he experimentado al verlas». Toribio de Benavente, conocido como Motolinía, arribó a México en 1523 con los primeros franciscanos y, de inmediato, se convirtió en uno de los principales defensores de la población indígena de México. En su Historia de los indios de la Nueva España, Motolinía habla con elocuencia de lo ingenioso de los artesanos nativos: «En las artes mecánicas, los indios han hecho grandes avances, tanto en aquellas que ya cultivaban con anterioridad como en las que aprendieron de los españoles». A lo que más tarde añadiría: «Nunca hacen nada sin cambiar de estilo, buscando crear nuevos modelos».

Desde el siglo xvi hasta el xviii, los artistas y artesanos indígenas, africanos, asiáticos y europeos de la América Latina colonial crearon algunas de las artes decorativas más extraordinarias que jamás se hayan producido, inspirándose libremente en las ricas tradiciones y técnicas artísticas del continente americano, Europa, Asia y África. Fueron surgiendo modalidades de arte híbridas a medida que los soportes y las técnicas indígenas se iban adaptando a las formas europeas, los diseños europeos se iban incorporando a las artes indígenas, y los motivos, las técnicas y las formas asiáticos fueron reinterpretados por artesanos tanto europeos como indígenas.

MITRA EPISCOPAL CON PLUMAS, hacia 1559-1566
COFRE DE BARNIZ DE PASTO, hacia 1650

En general, las artes decorativas de la América Latina colonial seguían la pauta de los principales movimientos estilísticos europeos, del Renacimiento al Neoclasicismo, si bien las preferencias regionales permitían que algunos estilos y motivos perduraran largo tiempo tras su desaparición en Europa. Por ejemplo, las volutas en C renacentistas y los cartuchos de lacería manierista del siglo xvi siguieron siendo motivos populares en el arte de los Andes hasta bien entrado el siglo xviii. La inmensa riqueza de las capitales virreinales de Ciudad de México y Lima atrajo a nuevos artistas y artesanos, lo cual explica el desproporcionado número de piezas de artes decorativas producido en torno a esos centros a lo largo de todo el periodo colonial.

Bajo la tutela de los misioneros católicos, los artistas indígenas de México pintaban imágenes devocionales cristianas de extraordinaria sofisticación y belleza, empleando el arte prehispánico del mosaico de plumas. La técnica indígena del mosaico de plumas utilizaba plumas iridiscentes de colibrí, junto con plumas de otras aves autóctonas, que eran cuidadosamente recortadas y aplicadas en capas sobre amatl o papel de maguey, utilizando una cola o pegamento a base de orquídeas. Un raro y temprano ejemplo que encontramos en la colección de la Hispanic Society es una mitra episcopal (hacia 1559-1566) procedente de Michoacán. De las siete mitras con decoración plumaria conocidas que han sobrevivido y que, en la actualidad, podemos encontrar en tesoros eclesiásticos y museos, esta es la única que se halla en el continente americano.

ESCRITORIO PORTÁTIL, PASTO, hacia 1684
BATEA CON LACADO DE PERIBÁN, hacia 1650

Inspirándose en las porcelanas y lacas asiáticas, los artesanos colombianos perfeccionaron la técnica indígena del lacado de mopa-mopa, que ellos combinaban con pan de oro y plata, transformando arcas de madera y escritorios en objetos de lujo destinados a la aristocracia europea. Un espectacular ejemplo del impacto de las artes asiáticas en el Nuevo Mundo se puede apreciar en un escritorio portátil procedente de Pasto, Colombia, que está decorado con un tipo de laca nielada conocida como «barniz de Pasto», basada en la resina del árbol sudamericano mopa-mopa (Elaeagia pastoensis Mora). El mueble ostenta el escudo de la familia Quirós en el interior de la tapa, pues fue encargado en 1684 por Cristóbal Bernardo de Quirós, Obispo de Popayán, para regalárselo a su hermano –secretario del Rey Carlos ii de España–, a quien, en 1683, le había sido concedido el título de Marqués de Monreal. Si bien la forma de la pieza es típicamente española, la construcción se asemeja más a la ebanistería Nanban del siglo xvi. La decoración lacada, por lo demás, combina motivos españoles, asiáticos e indígenas americanos.

En el México virreinal se desarrolló una tradición de lacado propia de origen prehispánico que empleaba una laca hecha de aceites vegetales y de insectos, arcillas minerales, y pigmentos naturales que se aplicaba a calabazas y objetos de madera, sobre todo grandes cuencos o bandejas denominadas bateas. La decoración de estos ejemplares del siglo xvii demuestra un claro interés por las fuentes impresas europeas, con alguna que otra referencia a animales y motivos indígenas. La Hispanic Society cuenta con una importante colección de lacas mexicanas, incluyendo dos bateas del siglo xvii y un escritorio portátil de Peribán (Michoacán, México), un cofre del siglo xviii procedente de Olinalá (Guerrero, México), y varios trabajos de los siglos xviii y xix originarios de Pátzcuaro (Michoacán, México), incluyendo un importante y voluminoso mueble secretario hecho por Manuel de la Cerda (activo en 1765); una gran batea con decoración de inspiración asiática; y un pintoresco costurero ilustrado. Las obras de finales del siglo xviii evidencian un giro hacia lo chinesco, volviendo la vista hacia las tendencias tanto asiáticas como europeas.

BATEA LACADA DE PATZCUÁRO, hacia 1700
ATRIBUIDA A DAMIÁN HERNÁNDEZ, ORZA DE TALAVERA, PUEBLA, MÉXICO, hacia 1660

La influencia directa de las exportaciones chinas en el arte de la América Latina virreinal también resulta patente en la producción de cerámica. La Hispanic Society alberga una importante colección de cerámica de la ciudad mexicana de Puebla de los Ángeles, desde donde se producía y distribuía, a gran escala, una exquisita loza vidriada al estaño, que incluía elaborados estilos inspirados en la porcelana china. Entre las numerosas piezas excepcionales de la colección figura una gran orza con asas en forma de serpientes (hacia 1660). Presenta la marca «he» y por ello se atribuye al maestro alfarero Damián Hernández. La colección, que abarca tres siglos de producción, contiene singulares ejemplos de varios estilos decorativos, que abarcan desde el neocolonial y el neomixteca hasta el Art Nouveau o Modernismo del artista barcelonés Enrique Luis Ventosa, quien revivió la industria alfarera de Puebla a comienzos del siglo xx.

La cerámica bruñida, sin vidriar, producida en el siglo xvii en Tonalá, Jalisco (México); y en Santiago (Chile) también forma parte de la colección de América Latina. Estas piezas constituyen ejemplos perfectos de los búcaros de Indias, objetos de cerámica del Nuevo Mundo sumamente apreciados entre los coleccionistas europeos del siglo xvii por las cualidades aromáticas de su arcilla. Entre las obras de la colección procedentes de Tonalá se incluyen lozas con engobe rojo, blanco y negro, algunas con formas escultóricas únicas, un gran jarrón decorado con engastes de ormolu, o polvo de oro, junto con una monumental ánfora con engobe blanco, o tibor. Los intrincados búcaros producidos en el siglo xvii por las monjas de la Orden de Santa Clara, en el Convento de Santa Clara, en Santiago (Chile), están representados por una pareja de excepcionales lámparas de loza con engobe rojo, las cuales presentan decoración pintada e inserciones de vidrio, así como por una taza con asa.

BÚCAROS DE INDIAS, SANTIAGO, CHILE, hacia 1650

En la colección encontramos escritorios, arcones y cofres en una amplia variedad de materiales procedentes de Latinoamérica, Filipinas y la India portuguesa. Dos bellos ejemplos de escritorios indo-portugueses del siglo xvii, probablemente procedentes de Goa y hechos de madera de teca con incrustaciones de ébano y marfil, se alzan sobre patas esculpidas con sirenas que hacen la función de cariátides. De Filipinas proviene un gran arcón del siglo xvii de madera de narra autóctona, tallada con diseños foliados y florales, aves y leones. Estas arcas, utilizadas para transportar artículos de lujo en los Galeones de Manila a Acapulco, se convertirían con el correr de los años en objetos cotizados en los palacios de Ciudad de México y en todo el Imperio Español.

El mobiliario decorativo y las cajas con incrustaciones de madreperla y carey procedentes de la India portuguesa se encontraban entre las piezas más codiciadas de las enviadas a las Américas a bordo de los Galeones de Manila. Estas sirvieron de inspiración para dos cajas peruanas del siglo xvii con taracea de madreperla y carey que figuran entre los fondos de la colección. Un escritorio del siglo xviii hecho de aromático cedro español (cedrela odorata L.) y procedente de las misiones jesuitas de Chiquitanía, en el sureste de Bolivia, incluye incrustaciones de madreperla en la decoración interior, tallada a cuchilla con la técnica de piqueteado. El carey se utilizaba únicamente para la construcción de pequeños cofres destinados a contener joyas u otros objetos de valor, tal y como vemos en el cofre de la Hispanic Society hecho en México (hacia 1700), provisto de ornadas patas e intrincada cerradura, ambas de plata.

ARCÓN, FILIPINAS, hacia 1700

Las telas coloniales más importantes de la colección tienen su origen en la India portuguesa, México y China. Una rara colcha que se remonta al siglo xvi proviene del puesto comercial portugués establecido en Sitgoan, en Bengala. Se compone de un intrincado bordado de seda salvaje de tusor sobre algodón. El cobertor ostenta el escudo de armas de un obispo de la familia Mendoza, de España, rodeado de cenefas decorativas con escenas del Antiguo Testamento, los Trabajos de Hércules, escenas cinegéticas portuguesas, y estampas acuáticas con mákaras, que son criaturas marinas fantásticas de la mitología hindú, mitad mamífero y mitad pez. Un lujoso rebozo, o chal, mexicano del siglo xviii, destinado a la elite colonial, está bordado con hilo de seda multicolor –que incluye hilo de oro y plata– formando diseños florales y foliados de inspiración asiática, combinados con aves y otros animales. La Hispanic Society posee una amplia colección de mantones de Manila, grandes chales de seda bordada, con flecos de macramé anudados, que se producían en China y se enviaban a los mercados español y latinoamericano a través de Manila en los siglos xix y principios del xx. Un destacado ejemplar de la segunda mitad del siglo xix está decorado con escenas chinas en las que los rostros bordados de figuras humanas aparecen cubiertos con ebúrneas máscaras polícromas a juego a ambos lados del chal.

Los ejemplos más hermosos de platería colonial que podemos encontrar en la colección provienen de Goa, Bolivia y México. Un pequeño estuche de exquisita filigrana de plata con motivos en espiral se produjo en Goa en el siglo xvii para el mercado portugués, y aún conserva la caja original, cubierta de zapa de raya con herrajes de oro. Con el mayor yacimiento de plata del mundo a su disposición en Potosí, Bolivia, los plateros coloniales del Alto Perú eran sumamente pródigos en el uso de este metal precioso, creando extravagantes objetos para clientes tanto religiosos como laicos. Una pareja de grandes placas de plata, típicas de la platería religiosa de la Bolivia colonial del siglo xviii, servían como decoraciones de altar, conocidas como «mayas». Cada placa está decorada en alto relieve con una sirena en el centro, circundada por diseños foliados en espiral y serpientes de mar. Se produjeron dos piezas del siglo xviii, igualmente impresionantes y procedentes del Alto Perú, para el mercado laico. Y una bandeja de plata dorada decorada con chinchillas, flores y vides repujadas, con grabado y cincelado, luce la marca de exportación de Buenos Aires y la marca de la colección de la Reina Carlota, esposa del Rey Jorge iii de Gran Bretaña. La otra es un aguamanil de plata con forma de león, utilizado para contener agua caliente con el fin de preparar infusión de yerba mate u hojas de coca, e incluye una cámara ventilada interna para las brasas encendidas. La platería mexicana del siglo xviii se encuentra representada por una recargada custodia de plata corlada con volutas grabadas y cabezas de querubines aplicadas, así como por un juego de cuatro elegantes palmatorias.

REBOZO MEXICANO, SIGLO XVIII