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Mujeres de la Hispanic Society Museum & Library

A lo largo de este año la Hispanic Society celebrará a las mujeres artistas, curadoras, investigadoras, bibliotecarias o escritoras cuyo trabajo ha resultado esencial para el museo y la biblioteca a lo largo de sus 117 años de historia. Iniciamos esta nueva serie de videos breves, Las mujeres de la Hispanic Society, con la semblanza de Anna Hyatt Huntington, una de las escultoras más importantes de principios del siglo XX y segunda esposa del fundador de la Hispanic Society, Archer M. Huntington. Les invitamos a disfrutar cada mes de esta serie de biografías que nos ayudarán a conocer en profundidad la vida y el trabajo de estas mujeres extraordinarias.

ANNA HYATT HUNTINGTON


Anna Hyatt Huntington nació en Cambridge, Massachusetts, en marzo de 1876. Su infancia estuvo marcada por el ambiente intelectual y artístico de su entorno familiar, principalmente por las mujeres de su familia como su abuela y madre, ambas pintoras. Desde su más tierna juventud, su familia alentó sus aspiraciones artísticas y nutrió su amor por la naturaleza que se convirtió en el tema central de su trabajo. En gran parte autodidacta, Anna estudió brevemente en Boston con Henry Hudson Kitson y en la Arts Students League de Nueva York. Reconocida como una de las mejores escultoras de animales del S.XX, Hyatt creó obras para espacios públicos nacionales e internacionales así como para numerosos museos y colecciones privadas.

Anna Hyatt conoció a Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society Museo y Biblioteca, en 1921 cuando este le encargó el diseño de una medalla para la American Academy of Arts and Letters.  La pareja se casó en 1923 y poco después comenzó planificar el conjunto escultórico monumental situado en la plaza exterior del museo, un gran espacio espléndidamente delimitado por varios edificios Neo-clásicos situados entre la calle Broadway y la calle 155. A partir de ese momento, Anna dedicó la mayor parte de su trabajo a este gran proyecto. En el corazón de la plaza situó el majestuoso monumento ecuestre de El Cid flanqueado por cuatro figuras masculinas de tamaño natural. En la base de dicha escultura Anna inscribió fragmentos de la traducción al inglés del Cantar del Mío Cid realizada por su esposo Archer Huntington.  El modelado de El Cid finalizó en 1925 mientras que otras partes del conjunto continuaron siendo esculpidas e instaladas a principios de la década de 1930. Muy pronto la escultura de El Cid se convirtió en el símbolo no oficial de la Hispanic Society.

A pesar del reconocimiento público y la independencia económica, Hyatt sufrió las desventajas de ser mujer en su época, especialmente respecto a la posibilidad de acceder a una formación académica o a obtener espacios donde desarrollar su trabajo. Por este motivo, buen número de mujeres artistas del momento se unieron en asociaciones, colaboraron en proyectos y eventos conjuntos así como compartieron apartamentos y estudios. Cada aspecto de la carrera de Anna Hyatt Huntington, tanto profesional, como crítico y emocional fue respaldado por otras mujeres excepcionales.

 

EMILIA PARDO BAZAN


Nacida en el seno de una familia aristocrática gallega de tendencia política liberal, Emilia Pardo Bazán recibió una esmerada educación que se vio reforzada por su gran afición a la lectura y su incansable deseo de conocimiento. A los dieciséis años se casó con el abogado José Quiroga, un hombre de ideas afines a las de su familia de quien se separó amistosamente en 1884 para no verse forzada a abandonar su carrera literaria. Desde muy joven, la escritora abrazó con entusiasmo las novedades culturales de la época y defendió activamente las causas de las mujeres. En 1879 publicó su primera novela, «Pascual López”. Sus novelas ofrecen una imagen realista de la España de su tiempo en una línea claramente deudora del naturalismo francés. En su obra maestra, «Los pazos de Ulloa» (1886), la escritora describe la decadencia de económica y social de una familia gallega, al tiempo que plantea cuestiones más profundas sobre la herencia y la civilización.

En 1913, cuando Emilia Pardo Bazán posó cómodamente en su silla para ser retratada por Joaquín Sorolla, había cumplido sesenta y dos años y era una figura literaria consolidada internacionalmente. Vestida con un elegante vestido negro, aunque sencillo, el personaje irradia una fuerte personalidad. Sorolla representa a la escritora con una mirada segura de sí misma, inquisitiva e incluso desafiante. Una de sus manos cae sobre el reposabrazos mientras que la otra se apoya en la cadera sugiriendo una combinación de despreocupación y determinación totalmente acorde las descripciones que de ella hicieron sus contemporáneos. Sorolla no oculta la complexión fuerte de la modelo sino que subraya su extraordinario temperamento por lo que este retrato debe considerarse una de las imágenes más logradas de Pardo Bazán.